El anzuelo

Había una vez un pececito muy imprudente. Digamos que siempre le gustaba jugar con el peligro. El, tenía una peligrosa adicción, le encantaba jugar con los anzuelos de los pescadores y con las redes de los barcos. Todo el mundo le decía que no lo hiciera pues era demasiado peligroso, estaba jugando con su propia vida. Pero el, al igual que otros peces amigos que tenía, no le daban importancia a esto.
Un día, haciendo lo que le era de costumbre, se quedó enganchado en un anzuelo. Con desesperación veía cómo era llevado hacia la superficie. Con mucha suerte, por así decirlo, logró zafarse del anzuelo. Volvió a las profundidades del océano con toda la boca lastimada. Esto le sirvió de lección, pero no por mucho tiempo. Pasado unas semanas estaba de nuevo en su apasionante y peligrosa adicción, jugar al escape con los anzuelos y redes. Pese a la advertencia de los demás y a que varios de sus amigos que hacían lo mismo que él y dejaron, siguió neciamente haciendo lo que se le antojaba. Creía que nunca le iba a pasar.
Ahora, ese pez, ya no está en el océano. Se comenta que alguien vio cómo era atrapado por unas de las redes y extraído hacia la superficie. Así y todo, siempre hay algún que otro pez que sigue haciendo lo mismo.
¿Por qué tenemos que jugar con cosas peligrosas para nuestra vida? Aunque a veces logramos zafar de nuestro fin, seguimos haciéndolo. Muchas veces nos comportamos como este pececito. ¿Hasta cuándo lograremos salvarnos?
Anuncios

Antes de juzgar…

[juzgar.jpg]

Quién fue primero????

[mdq8.jpg]Un día, en el barrio la “Victoria” allá en la sierra de Quinches, había una enorme discusión que estaba a punto de desbordarse y terminar en una pelea. El Juez el profesor ya jubilado Dn Hugo Isla  acudió apresuradamente al lugar para intervenir en el conflicto. Cuando llegó preguntó cuál era la causa de tanta pelea. Al enterarse no pudo aguantar la carcajada que le salió desde adentro. Recordando tal vez cuándo se desgañotaba siendo Director de la Escuela de Cacray.

-¿Acaso se pelean por quién existió primero si el huevo o la gallina? Pero esto es algo increíble. Amigos, ¿qué importa quién existió primero? No digo que para algunos no sea algo importante, algún día lo sabremos. ¿Por qué no nos preocupamos por cosas mas concretas? No podemos dividirnos por esta cuestión.

A veces nos pasa lo mismo, nos dividimos, peleamos y discutimos por cosas que no tienen sentido. A veces un chisme pasa a ser lo del huevo y la gallina. Que tu dijiste esto, que yo no lo dije, porque me contaron esto. Algún problema inventado para dividirnos.  Nuestro amigo Martin Fierro dice: “los hermanos sean unidos, es la ley primera, porque si entre ellos se pelean los devorarán los de afuera”.

 Creo que queda claro no? Amigos Yauyinos no nos peleemos por cosas sin sentido, peleemos por una causa que valga la pena.

Las luevas de Tinco enjauladas

pajaros enjaulados

¿Has conocido alguna madre que no sea dictadora? Si la respuesta es sí , entonces no conoces a la madre sino a la abuela.

Toda madre es una dictadora. “¡¿Ya se bañaron?!”… “¡No peleen!”… “¡¿Ya comieron!?”… “¡No corran!”… “¡No toquen eso!”… “¡Bájense de ahí!!”… “¡Cállense!”… “¡No me hagas molestar!”… “¡Hmmm!”. Toda madre es una dictadora… con amor, ¡por supuesto!, pero dictadora al fin.

Toda madre es una dictadora con los hijos, con los animales que son más sumisos y con todos los demás que se dejen manipular. Como todo dictador.

Por eso no es raro que los hijos alguna vez piensen en esta frase: “Madre sólo hay una… ¿quién aguanta dos?”. O en esta otra: “Madre sólo hay una… ¡y tenía que tocarme a mí!”.

Durante mucho tiempo, mi mamá allá en Tinco Quinches, tuvo muchas jaulas con muchos pájaros enjaulados. Es lindo tener a los demás encerrados, cuando uno no valora la libertad para sí mismo.

Porque todo esclavista es un esclavo. Todo el que pega recibe los mismos golpes que da; y en el mismo sitio. Si tú me pegas en mi cara con tu puño, yo te pego en tu puño con mi cara. Tus puños hacen daño, y mi cara pega duro. Todo esclavista es un esclavo.

Desde mi niñez hasta ya entrada mi adultez me gustaban los pájaros enjaulados. Es decir, cuando el enjaulado era yo. Ver los pájaros detrás de unos alambres me producía una satisfacción. Pero cuando fui sintiendo la satisfacción que da la libertad, lo mismo quise para los pájaros. Pero, ¿quién se enfrentaba a mi mamá?

Un día, tímidamente le dije:

—¿Por qué no sueltas esos pájaros?

—¡¿Para qué?!… ¡¿Es que te estorban?! —me contestó socarronamente.

Y dejé las cosas así. Luego oí, que decía desde la cocina: “¡Esos pájaros no me los toca nadie!… ¡Hmm!”.

¿Quién encierra a quién?

Pero, mi mamá estaba engañada —como todo dictador—. Mi mamá creía que ella tenía a los pájaros enjaulados. Era el revés, ¡los pájaros la tenían encerrada a ella! Como dice Cabral: “Pobrecito mi patrón, piensa que el pobre soy yo”. Mi mamá no podía salir a ninguna parte, porque tenía que “echarle comía a los pájaros”.

Cada vez que la invitábamos para ir al pueblo, o para algún otro sitio, decía: “¡Ay, no! Vayan ustedes. Yo tengo que cuidar los pájaros”. Así era.

Si los pájaros se hubieran dado cuenta de la fuerza y el poder que tenían; si los pájaros hubieran pensado que ellos eran los que tenían encerrada a mi mamá, en lugar de ella a ellos, hubiesen negociado su libertad.

Le hubiesen dicho: “Vete con tus hijos a Quinches. Ábrenos las puertas de las jaulas. No te preocupes por nuestra comida. Nosotros sabemos en dónde hay. Es más, la comida que nosotros conseguimos es mejor que la que tú nos das. Vete con tus hijos, se libre tú también. Nos dejas la puerta abierta y cuando tú regreses, volveremos a las jaulas”… ¡Yo te aviso!

Mi mamá estaba en otro engaño: creía que los pájaros la amaban. Realmente mi mamá estaba engañada —como todo dictador—. La creencia del amor de los pájaros se afianzaba porque, cada vez que ella se acercaba a las jaulas, éstos revoloteaban de contentos. Lo cierto es que los pájaros no amaban a mi mamá.

¿Qué esclavo puede amar a su tirano? Los pájaros a quien amaban era a la comida que mi mamá les llevaba, no a ella.

Creer que los que yo maltrato me aman, es un engaño. Todo tirano es un engañado. Nadie lo engaña, él se engaña solo. Como todo dictador.

En una ocasión cuando mi mamá regresó del pueblo tuvo que conformarse con una jaula vacía. Pero, así comenzó el ascenso a su propia libertad.

Hoy mi mamá es libre porque los pájaros son libres. Sin apegos y sin enjaular a nadie. A mi mamá le costó darse cuenta que los pájaros nunca la amaron, sólo comían de ella. Pero a un pájaro no le llena un pedazo de pan, sino las semillas que están en el campo abierto con sabor a libertad.

Los pájaros nunca más volvieron a la jaula. Porque nunca amaron a mi mamá. Es más ninguno voló  por ella.

La libertad es más sabrosa que un pedazo de pan. Porque con libertad consigues tu pan, pero con un pan facilitado caes en la esclavitud.