¡¡¡¡¡MIL VECES: SUSANA VILLARÁN MERECE SER REVOCADA!!!

Susana Villarán merece ser revocada.  Y las razones por las que Villarán merece ser revocada son tan fuertes que difuminan las predicciones “catastróficas” de sus defensores títeres de empresario multimillonarios de nacionalidad brasileña.
En esta I parte solo encontramos las primeras:
1º Es harto conocido que Castañeda dejó más de 50 obras en proceso de pre-inversión. Diversos estudios se venían realizando y muchas obras estaban ya avanzadas, en fases iniciales o en fases no tan iniciales. ¿Qué hizo Villarán? Rompió completamente con la gestión anterior. Decidió no trabajar con agencias de cooperación internacional en aras de la transparencia. No sabía que negando estos supuestamente no-transparentes mecanismos de financiamiento le decía “no-transparentes” a la mitad de ministerios, municipalidades y ONGs del Perú que de por sí estaban habituadas a trabajar de esa forma y lo hacían bien, rápido y rentablemente.
2º Dedicó semanas y meses para preparar un informe para debilitar la candidatura presidencial de Castañeda, so pretexto de cumplir un compromiso con la ciudadanía. En vez de continuar con las obras programadas, en vez de subirse sobre los hombros del predecesor, decidió escupir sobre su memoria. Mala jugada.
Resultado: compararon rápidamente a la nueva Villarán con el viejo Castañeda; compararon al Castañeda en su pico más alto con la Villarán en sus primeros pasos. La comparación fue devastadora, injusta pero devastadora. Si Villarán hubiera sido más humilde y no hubiese roto tan agresivamente contra la gestión anterior, las expectativas de la gente no hubieran sido tan altas. Ella se vendió como algo nuevo, una nueva vía, una alternativa totalmente diferente. Eso era imposible. Nadie logra eso. Ni Humala pudo hacerlo. Menos ella.
 
3º No sólo dejó obras inconclusas o detuvo los estudios de obras nuevas sino que borró descaradamente el nombre de Castañeda en todas aquellas obras que consideraba estratégicas. Lo hizo en la vía expresa de la avenida Angamos, a vista y paciencia de todo el mundo. Ahí está la prueba: el nombre de Castañeda borrado con el mismo cemento con que fueron elaboradas las placas recordatorias. Le cambió de color a cuanta baranda pudo, a cuanto puente encontró y a cuanto muro de contención aparecía en las vías.
Con un “enfermizo odio”, Villarán tenía que cambiar el color de las obras para borrar los registros históricos de su archienemigo “corrupto y desgraciado”.
 Los primeros meses fueron dedicados a planificar, revisar la gestión anterior, evidenciar las falencias de Castañeda y denunciar sus supuestos actos de corrupción (actos que nunca probó con evidencias sino con simples conjeturas). Pérdida de tiempo. Típico vicio izquierdista. Bueno, la gente desconfiaba de ella, sin embargo, trataban de poner paños fríos diciendo que era injusto juzgarla tan rápido. Pasados los tres o cuatro primeros meses, se esperaba algo más visible, algo más grande, algo más contundente.
¿Qué propuso? Una Zona Rosa. ¿Qué propuso? Una ordenanza que obligaba a todos los establecimientos comerciales de Lima a proclamar directamente que promovían la cultura gay en la vida pública. ¿Qué propuso? Centralizar el Serenazgo y capacitarlos en temas ideologizados: derechos humanos, cultura de paz, tolerancia, lobby LGTB, etc. ¿Qué propuso? Un boulevard en el Río Rímac. Qué pobre. Sus amigos caviares antropólogos y sociólogos se multiplicaban como conejos en la planilla de la municipalidad. Borraba obras, no ejecutaba nuevas, borraba valores tradicionales, sembraba lobbies… Pérdida de tiempo.
Si ella esperaba que estas “innovaciones” fueran aceptadas por la población, ocurrió exactamente lo contrario. Nadie entendía como estas cosas podrían ser las prioridades para Lima. Resultado: muchas obras por concluir y otras tantas por fortalecer fueron fondeadas en la oscura cajonera de Eduardo Zegarra o en la de Glave. ¿El Tren Eléctrico? Relegado, ¿El Metropolitano? Desarrollado resignadamente a la fuerza y casi renombrado para evadir la historia ¿El mega túnel del Cono Norte? Olvidado. ¿Los ambulantes? Por todos lados. ¿La Avenida Abancay? Un caos.
5º Su posición mediática fue siempre pobre y el argumento de defensa de toda la izquierda y los caviares fue que Susana hacía muchas cosas pero no las sabía comunicar. Sin embargo, si uno entraba a la página de la Municipalidad de Lima en Facebook, resulta que la mayoría de actividades de Villarán consistían en participar de marchas gay, inaugurar talleres de capacitación, inaugurar más talleres de capacitación y aparecer en decenas de colegios primarios tomándose fotos con niños… Perdón, también tenía reuniones de consejo, reuniones de trabajo, eventos, conferencias de prensa, más eventos y más eventos. No era un tema de no saber comunicar. No había mucho que comunicar. Eso es lo cierto.
 
No era una buena alcaldesa según los parámetros del sentido común, que dictan que una alcaldesa se evalúa no por su ideología sino por sus obras en temas críticos: transporte, seguridad, limpieza, desarrollo urbanístico. Finalmente, cuando su popularidad fue cayendo día tras día, lo peor que pudo hacer fue enviar a sus rasputines a decir que quienes la atacaban eran parte de una mafia machista, racista, montesinista, fujimorista, conservadora, proveniente de un grupo con intereses ocultos. Lo único que andaba oculto era el provecho de haber votado por ella.
6º Cuando se puso las pilas fue demasiado tarde. No había ejecutado más del 13% de su presupuesto. Había gastado 11 millones de soles en una playa emblemática y la arena que puso en ella se fue con el mar.  Cuando se puso las pilas, Villarán tenía miles de muñecos de navidad con su imagen, listos para ser quemados, y al ver este espectáculo espontáneo y popular, no tuvo mejor idea que ponerse autoritaria y dictatorial para perseguir a quienes los vendían. Cuando se puso las pilas, la revocatoria estaba encima.
Aquí no hay intereses ocultos. Además, la izquierda recibe día tras día un mensaje unívoco: “ustedes son unos inútiles gobernando, su enfoque no sirve para gobernar países, no al menos aquí en el Perú, o cambian o los botamos. Hasta Humala cambió”.
 
Finalmente, Villarán ya perdió la guerra. Ya la perdió. Miles de personas se alistan para votar por el SI.Villarán y sus caviares nos confirmaron algo claro: la ideología izquierdista no sirve para gobernar, no sirve para gestionar, no sirve para actuar proactivamente, solamente sirve para quejarse, reclamar, armar huelgas y soñar…
Eso es lo que han hecho Villarán y sus amigos, soñar, soñar y soñar diciéndonos por todos lados que nos preparemos para vivir la aventura en una ciudad para todos. Qué patético… Es una ciudad para ellos.  No para todos.  No para nosotros

Una respuesta

  1. ¿Ahora que perdió el SÍ, que dirán?.
    ¿Dónde quedó sus supuestos comentarios y análisis serios?
    ¿Perdieron los opinólogos y ganó el Pueblo?
    Agradeceré responder, por el bien de la opinión pública.
    Gracias.

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