EL ABORTO ES UN CRIMEN COBARDE, HIPÓCRITA Y NO ES UN DERECHO

 

por Javier Pueyo Usón

Hace falta un cambio de mentalidad social, pasar de una cultura de muerte a otra de vida. Para eso son necesarios buenos ejemplos, testimonios de personas que vivan y promuevan estos valores, este derecho básico. Porque sin derecho a la vida, ¿para que sirven los demás?

La aceptación social del aborto es lo más grave ocurrido en nuestra sociedad occidental, decía el filósofo Julián Marías. 
Desde la despenalización de hace unos veinticinco años hoy más españoles ven bien el aborto provocado. Lo legal se hace “normal” al cabo del tiempo y va cambiando la mentalidad social. 
Ahora otro Gobierno socialista lo facilita siguiendo el consejo de un grupo de “expertos” a su gusto seleccionados. 
La historia nos condenará en esto como condenamos actualmente la esclavitud, en otras épocas, algo legal. 
El punto clave de la polémica es: ¿dónde empieza la vida humana? El que la vida humana comienza en la fecundación no es una opinión sino un dato objetivo. La ciencia lo demuestra para todo el que desapasionadamente lo quiera reconocer. 
El no nacido no es un “conglomerado de células” sino una persona humana. No es “algo”, es “alguien”. El óvulo fecundado tiene una dotación genética distinta a la de los padres, que acompañará a este nuevo ser hasta su muerte. El no nacido puede ser un paciente al que se puede operar dentro del seno materno. Aconsejo a que el amable lector “vea” un aborto por Youtube en Internet. 
Por tanto, el aborto no es un problema religioso. Todas las religiones lo condenan por considerar a la vida humana como algo sagrado, pero también personas no creyentes, como algunos científicos en el campo de la genética o de la neonatología ven al aborto como la eliminación de una vida humana. 
Los argumentos abortistas recuerdan a los que defendían la esclavitud: el esclavo no es persona, o si no quieres tener esclavos no los tengas, pero deja a los demás que los tengan. 
Es verdad que nadie aborta fácilmente, sino en circunstancias difíciles de afrontar, pero el aborto es una falsa solución. En último caso se puede tener la niña y darla en adopción a tantas parejas que no la pueden tener. Para eso están los centros de acogida a la vida, como el de AIN KAREM en Zaragoza, a la que toda persona embarazada puede acudir y recibir ayuda para culminar su maternidad. 
El aborto ha originado un tremendo negocio en el que “médicos” sin escrúpulos en vez de curar se dedican a suprimir (lo interrumpido puede reanudarse, lo suprimido no) a estos pequeños seres humanos, que para más “inri” son indefensos e inocentes. 
Pero más de cien mil abortos sólo este año dan una facturación enorme. Cientos de miles de nuevos españoles limitarían el “invierno demográfico” que padecemos. 
La causa de este impresionante número de abortos se halla en la banalización de la sexualidad. Una sociedad hedonista y erotizada incita a ejercerla de forma poco “humana”, dando más importancia a lo instintivo que a su contenido afectivo y espiritual. 
Es necesaria una educación integral que encauce la sexualidad, poniéndola en su sitio, usándola con “cabeza”. Hace falta un cambio de mentalidad social, pasar de una cultura de muerte a otra de vida. Para eso son necesarios buenos ejemplos, testimonios de personas que vivan y promuevan estos valores, este derecho básico. Porque sin derecho a la vida, ¿para que sirven los demás? Un movimiento, que, como el erradicó a la esclavitud, podrá en el futuro hacer lo mismo con el aborto.

 

 

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