Los caminos serranos y sus gentes

El taita Chutin, el viejo campesino nacido en Chilcapampa,

que ahora observa el acontecer diario desde su casa,

sentado en un añoso tronco de eucalipto, escribe a sus nietos.

Queridos nietos:

Hoy quería contarles sobre la sabiduría y el ingenio de la gente serrana, y sobre todo de los choferes y camioneros. Nuestros caminos serranos sólo tienen dos versiones: polvo o barro.

Mi casa de Chilcapampa está junto a la carretera que une la sierra con la costa.

De la sierra bajan papas, legumbres, toros, vacas, ovejas, aguardiente y tongos de chancona. También van quesos, algunos con “corazón” de pichicata.

De la costa vienen fideos, arroz, azúcar, fierro, cemento, petróleo y pollos que saben a pescado. Antes sólo se veían camiones “dodge”, como el San Agustín, de don Agucho de la Succha.

Ahora hay “volvos” y “mercedes” que soplan y resoplan por la subida de Chilcapampa. Para los de lejos que nunca pisaron estas tierras les cuento que todo carro de carga tiene su nombre, y que dice mucho de sus dueños o choferes. Los hay para todos los gustos.

De Sócota pasa uno que dice: “Fides mea in Deo” (sobra decir que el dueño de dicho carro es amigo del padrecito socotino). Eran famosos Los Bandoleros, chotanos; El Arca de Noé, de Dominguito, en su ruta a Tacabamba; Virgen de la Asunción, de Cutervo; El Cholo veloz, El Chasqui, El Invencible, El Aventurero… Estos letreros van en la parte delantera, en lo que llaman la caseta. Pero en la parte de atrás dejan ver las ocurrencias y el espíritu serrano. Aquí les dejo algunos de los más ocurrentes: “Si su hija sufre y llora, es por este varón, señora”; “Si la envidia fuera oro, millonario serías”; “Que Dios te dé el doble de lo que me deseas”; “Ya vuelvo, cariño”; “Pasa, si puedes”… Son algunos de los ejemplos de los camioneros serranos que, entre “taco, taco” y “dalo, dalo”, armados con su bolo, van recorriendo los caminos culebreros de la sierra. En más de una ocasión viajé subido en lo más alto, entre cajas de cerveza y sacos de arroz, toda la noche hasta llegar a Chilcapampa al amanecer. En la ruta no podían faltar las cecinas de Callampampa, la gallina de Llama, las naranjas de Cochabamba y la sopa de cashgas en Cumbil.

Mi sobrino Mashe se sacó el otro día un “volvo” de segunda. Me fui con él a Cajamarca, llevando ganado de Llaucan. Yo, el Taita Chutín, como buen cristiano, hice llamar al padrecito de Hualgayoc para la bendición. Yo fui el padrino y lo primero que hice fue poner una estampa del Señor de los Milagros pegada al parabrisas, para que lo proteja y lo guíe por estos caminos. Con él atravesamos toda la jalca. En el Cobro no faltó la sopa de carnero con su café bien cargado. Y todo el camino fuimos escuchando mi radio Santa Mónica con su huaynos de la tarde. ¡Qué lindo se escuchaba! Cantaba el Gavilancito Matarino: “Por donde te vas te sigo, por donde te vas me iré. ¡Ay, chinita de mi vida! Contigo me casaré”.

Así es la vida del Taita Chutín, en Chilcapampa. Así, los caminos serranos y su gente. Un abrazo de este viejo, en el atardecer andino.

Taita Chutin

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