La abuela

Sola me encuentro en mi casa,

pensando lo que he de hacer,

con esos pocos soles o nada a veces,

que yo tengo pa comer.

Noventa  años  yo tengo,

una estufa y un somier,

a mi gata Micaela,

y  cien achaques de vejez,

con una botella vacia de leche,

media garrafa de agua,

y  dos sobres de avecren.

Luz en mi casa no hay,

tampoco cosas que hacer.

Hace un rato yo pensaba:

¿Qué hago y que he de hacer?

para hallar a mi marido

en un lugar que no se.

Que hace unos años murió,

y aun  yo lo deseo ver.

Si  ¿algo?,  después existe,

yo deseo estar junto a él,

pa  contarle como vivo,

cuando ya no estoy con él.

Cada noche lloro un rato,

y me acuesto sin comer.

Hace ya días que no veo,

mi leche para beber,

del pan  ya ni me acuerdo,

la carne no sé que es.

Si alguien un día  llamara

a mi puerta sin querer,

yo se la abriría del todo

y le dejaría de ver,

las miserias de esta vieja

que no sabe lo que hacer.

Si vivir como ahora vivo,

o dejar de padecer

esta miseria mundana,

la de esta anciana mujer.

Mi comentario: Estas sensaciones, las acabo de escribir pensando en una gran mujer, que enterró a sus dos únicos hijos y a su marido, en un espacio aproximado de unos tres años.

Sean para ella y para esas  cientos de miles de mujeres viudas, que  como ella, conviven con su pobreza, su abandono social, su humildad, su dignidad y su orgullo en un horrible y marginal abandono pasivo, provocado por esa  hipócrita e incoherente sociedad que se llama “raza humana”.

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