Mis Aventuras Quinchinas

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Siempre existen diferentes  motivaciones para emprender un viaje, a veces es una ciudad emblemática, otras una playa paradisíaca o quizá una selva exótica. En fin podría  citar un sin número de destinos ; como también son muy impredecibles las emociones que esperas encontrar en ellos. Y es justamente  este aspecto cuando un viaje marca la diferencia  y hace  que sea inolvidable.

Partí de Lima un sábado casi a las 7 pm con dirección al pueblo de Quinches  ubicado en la Provincia de Yauyos a 2500 msnm.
Antes de las 10 pm ya habíamos llegado a Omas  buscando inmediatamente un hospedaje donde pasar la noche para salir muy temprano el domingo.
Ya a la mañana siguiente antes de las siete tomamos los carros que van hacia la Sierra, nosotros teníamos nuestra meta: QUINCHES.
A donde llegamos en la tarde, y al día siguiente iniciamos el trekking a las 7:40 am, nuestro destino era los Restos Arqueológicos de la Shahuay casi en la Cumbre del Cerro del mismo nombre, es decir 3000 metros más cerca al cielo. En esta época del año por  estos lares nos acompaña  un fuerte sol durante el día ya que estamos en pleno verano serrano.
Tras caminar una hora bordeando pequeños bosques de cactus, llegamos al pequeño pueblo de Malleuran. Aquí tomamos nuestro primer descanso aprovechando para hidratarnos con agua y  con las distintas frutas que habíamos llevado. Unas escaleritas nos iban alejando del pueblo para introducirnos de nuevo en un pequeño camino polvoriento.
Íbamos siguiendo un pequeño sendero, conforme avanzábamos íbamos teniendo mejores vistas del valle de la Gran ciudad de Quinches.

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Al cabo de 40 minutos llegamos, y encontramos restos arqueológicos  preincas que datan del siglo  XI d.c. Después de las ruinas dejamos por un momento el contínuo camino ascendente para introducirnos por unas chacras donde sobresalen bellos jardines de flores silvestres, alfalfares, sembrio de trigales dorados.
Ya eran casi  las once, el sol iba calentando con más fuerza, por momentos el camino se hacía bien estrecho, el pueblito de Malleuran se iba alejando cada vez más de nosotros. Mirábamos hacia arriba , la cumbre del cerro que íbamos ascendiendo aún se veía muy lejana. Los descansos cada vez eran más seguidos.
Al promediar el mediodía llegamos a una pequeña mesetita donde se hallaban unas ruinas, las cuales se encuentran lamentablemente muy abandonadas. Mientras observaba todo el camino que nos tocaba recorrer me quedé sorprendido como un halcón se quedaba paralizado en el aire en busca de alguna presa.
Seguimos con nuestro camino hasta escuchar unos ladridos, nos alegramos ya que eso significaba que estábamos próximos a alguna casita, casi no nos habíamos topado con nadie en las últimas horas.
Efectivamente, a escasos 100 metros divisamos una cabaña de piedra con techo de paja con tres pobladores, nos acercamos  a saludarlos, ellos también se presentaron, era la casa de Don Guillermo quien estaba en compañía de su hermano y un familiar, junto a la casita había un corral que albergaba unas cuarenta de cabras. Ellos nos preguntaron hacia donde  nos dirigíamos, le respondimos a la Shahuay, entonces nos dijeron que aún nos faltaba bastante ,por lo menos dos horas , nos preocupamos un poco ya que  era más de la una y nos esperaba luego de las ruinas un largo descenso.
Decidimos tomarnos nuestro último descanso , terminamos las últimas frutas que nos quedaban , reservando las conservas de atún para cuando lleguemos a la fortaleza. Nos despedimos de los pobladores y continuamos nuestra ruta. El camino no tenía cuando acabar,  íbamos por un sendero zigzagueante , por momentos no nos permitía ver la cima. Hace ya una hora habíamos dejado la casita, cada vez la carretera se veía mas lejos, ya comenzaba a correr más viento.
Mientras divisábamos a unos caballos solitarios en una explanada, percibí la sombra de un ave , miré al cielo, era nada menos que un cóndor, realmente fue una gran sorpresa  encontrarme con el amo y señor de las alturas tan cerca.

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Observamos detenidamente su vuelo viendo como se perdía entre las nubes. Siempre que me encuentro con estas aves me causan en lo personal una gran emoción. Fue como una inyección de energía , comencé a dar pasos más rápidos  hasta llegar a la última cuesta. De allí el camino era plano circundando el cerro. Tenía a la mayoría de las montañas casi a mi altura.
Presentía que era la última curva, aceleré mucho más el paso hasta que por fin : el sitio arqueólogico y el motivo por el cual caminé horas.
Era increíble estar allí,  no solo podía tenia una vista privilegiada del Valle, sino podía alcanzar a ver también las cumbres nevadas de la Cordillera. Eran las 3: 30 pm y nos faltaba aún la otra mitad de la aventura , descender hasta la carretera pero por las pampas de Urcos. Necesitábamos recuperar energías así que escogimos uno de los filos del cerro para almorzar para no dejar de contemplar el abismo mientras comíamos.
Abrimos nuestras latitas de atún acompañándolo con papita sancochada que la tia oportunamente había preparado en su casa, añadiéndole además unas canchas  que nos regalaron muy amablemente unos pobladores al comienzo de la ruta.
Tras un breve reconocimiento divisé el camino que conducía casi a la cumbre del cerro, en un principio mi objetivo era llegar hasta allí pero lamentablemente esto me hubiese demandado unos valiosos cuarenta  minutos.
Ya habíamos permanecido casi una hora en las ruinas, eran casi las 4:30 pm y era momento de iniciar el  largo descenso.
Tras casi una hora de camino fuimos testigos como se iba formando el atardecer desde el oeste en dirección a la meseta de Huañec, ubicado casi al costado de nuestro cerro. Fue realmente maravilloso  observar como minuto a minuto el sol se iba ocultando hasta formar el crepúsculo por los cerros de Vizcas. Al cabo de unos minutos ya todo estaba oscuro, la bajada por tramos  se hacía algo empinada, éramos conscientes que nos faltaba un largo camino, recordábamos que por sectores el sendero se tornaba muy estrecho , fue entonces que decidimos por nuestra seguridad pernoctar en la cabaña.  Los ladridos de los perros nos indicaban que estábamos muy cerca.
Casi a las siete llegamos a los alrededores de la estancia , sobresalían ocho ojos que brillaban en la oscuridad y que no nos permitían seguir avanzando, se trataban de los cuatro perros ovejeros que custodiaban la estancia y el rebaño de cabras.
Desde allí comenzamos a llamar el señor para que nos recibiera. Estuvimos gritando casi diez minutos y nadie salía de la casita, pensamos que probablemente el señor haya bajado al pueblo a pernoctar. Ambos nos miramos ,no nos quedaba otra cosa que dormir a la intemperie, buscamos una roca que nos sirva de espaldar, mientras acomodábamos nuestras cosas vimos una luz que provenía de la casita.
Volvimos a llamar al señor y esta vez si escuchamos una voz, de pronto una sensación de cierta tranquilidad nos embargó. El señor salió de su cabaña a recibirnos tranquilizando a los perros. Nos dirigimos hacia él, le recordamos que nosotros éramos los jóvenes que lo saludamos en horas  de la tarde, le dijimos que llegamos algo tarde y en la bajada nos ganó la noche , le rogamos que por favor nos diera un campito para pernoctar hasta mañana.
Se le notaba algo desconfiado,  pero aun así nos dijo que nos podíamos acomodar en el corral que estaba al costado de la cabaña, le pedimos si nos podía prestar algo para abrigarnos , el amablemente nos dió una de las dos frazadas  con las que contaba.  Ingresamos al corral , este consistía en un recinto cercado por piedras de casi diez metros cuadrados y sin ningún tipo de techo.
Limpiamos un poco el suelo donde nos íbamos a echar, estiramos algunas bolsas plásticas que nos quedaban para que nos sirvan de base y nos pusimos toda la ropa con la que contábamos. 
Ya eran casi las 8 de la noche, el frio a estas alturas era  aún tolerable, ya estábamos acurrucados para abrigarnos. Hicimos un balance de lo vivido hasta el momento y creímos que habíamos tomado la mejor decisión ya que bajar en medio de la oscuridad por un camino empinado aún con linterna hubiese sido algo arriesgado.
Nos pusimos a observar el cielo, estaba plagado de miles de estrellas, eran incontables, de alguna forma nos sentimos privilegiados de poder observar el firmamento pese a las incomodidades. En ese momento también recordé las vivencias que me contaban mis padres cuando mis abuelos los llevaban de niños a las  estancias ubicadas en la puna  a cuidar el ganado, me imaginé que sería un lugar muy parecido a éste.
Rápidamente dieron las nueve , la temperatura ahora si bajó drásticamente, sentíamos demasiado frío. Era muy difícil conciliar el sueño.
Al cabo de un rato escuchamos los ladridos y gruñidos amenazantes de los perros , probablemente seria algún puma que estaría merodeando el rebaño de cabras, ya algunos pobladores nos habían advertido de la presencia  de estos felinos.  Nos pusimos bien atentos,  a la expectativa, confiábamos en que los perros podrían ahuyentar a este visitante. Al poco rato los perros se tranquilizaron. Pese al frio nos quedamos dormidos.
De pronto desperté , sentí que había dormido bastante , vi la hora y me di con la sorpresa que recién era la una. Intentamos seguir durmiendo , al cabo de un rato de nuevo comenzaron a gruñir los perros,  esta vez los ladridos eran mucho más fuertes , también escuchábamos como los perros corrían de un lugar a otro, realmente estábamos muy asustados, teníamos nuestros bastones cerca a nosotros para defendernos de cualquier ataque. Felizmente después de algunos minutos todo volvió a la calma, a estas horas de la madrugada hacía más frío , a parte de esto teníamos un fuerte dolor de espalda por la incomodidad del piso.
De nuevo nos quedamos dormidos , por momentos abría los ojos,  observaba como poco a poco las estrellas iban desapareciendo del cielo. Ya no veía la noche tan oscura, vi mi reloj y era casi las 5. Escuchábamos bulla dentro de la cabaña, al parecer el señor se estaba levantando. Se trataba de Don Guillermo, un señor de casi 70 años , le pregunté si vivía aquí o sólo era por algunos días, él me contestó que acá pasaba todos los días del año, que no podía dejar a sus cabras.
También le pregunté por la bulla que hicieron los perros en la noche, respondiéndome que el ya está acostumbrado a eso ya que a media hora de su casa en un peñasco hay una familia de pumas que acaban de tener dos cachorros  hace menos de dos meses. También me contaba que estos perros son sus fieles acompañantes y que cuidan muy bien su rebaño, me explicaba que estos tipos de perros son muy fieros y que defienden con su vida al ganado y ante la presencia de un puma los cuatro se transforman en uno solo,  logrando ahuyentar a los felinos.
Le dimos las papitas sancochadas que nos sobraron a uno de los perros,  también estábamos agradecidos de ellos ya que de alguna forma también nos cuidaron. Llegó el momento de despedirnos , le volvimos a dar las gracias no sin antes darle algo de dinero por la gentileza que tuvo con nosotros, antes de recibírmelo me preguntó si teníamos plata para regresarnos, le dijimos que si, fue entonces que el señor nos recibió el dinero e hizo un gesto dándole gracias  al cielo y rezando una plegaria, fue una imagen que nos conmovió mucho, nos dijo que él siempre le daba gracias a dios por cada moneda que recibía.
El nos mostró un camino que salía desde su casa hasta el poblado bordeando el cerro, desde aquí no se veía tan complicado , fue así que emprendimos el camino de retorno no sin antes mirar por última vez el lugar donde pasamos la noche.
El camino se tornaba demasiado angosto, luego de diez minutos comenzaron los precipios hacia nuestro costado derecho, tuvimos que avanzar con mucho cuidado,  por un momento pensamos regresar y continuar por el camino de ayer pero ya habíamos avanzado cierto tramo así que tuvimos que continuar, hubieron partes que prácticamente tuvimos que arrastrarnos ya que un paso en falso y caímos a un precipicio de casi 100 metros.
Era un  Lunes del presente año, había perdido un día de trabajo , mi ansiedad por conocer ese gran abismo de muchos metros me permitió vivir  nuevas experiencias, como dormir casi a la intemperie y sobre todo conocer de cerca las difíciles condiciones en las que vive la gente del Ande.
Espero regresar en algún momento a este lugar y reencontrarme de nuevo con Don Guillermo y verlo con el mismo entusiasmo con el que lo conocí.
Hasta la próxima aventura.

Saludos a todos por su CENTENARIO.

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